Aunque te sientas
Sin fuerzas
Recuerda que cada día
Puede ser el comienzo
de
Algo maravilloso
¡!!No te rindas!!!
leyendas de jutiapa
LEYENDAS DELA
PRINCESA ATATUPA
Las aguas de la princesa Atatupa, Asuncion
Mita Jutiapa, Guatemala
Los ancianos de Asuncion Mita, Jutiapa ,
cuentan que cerca del pueblo vivio una princesa que se llamaba Atatupa. Segun la leyenda, esta soberana xinca, hija
favorita del señor Mictlan, era pretendida por nobles de distintas regiones,
pero ella no les correspondia. Hasta que
un dia se enamoro de uno que llego de tierras muy lejanas. Los amorios llegaron
a oidos de su padre, quien desaprobo la
relacion, lo cual entristecio y enfermo a la princesa. Desconsolada se fue a llorar a una fuente, y
sus lagrimas dieron origen a un arrollo de aguas tibias y saladas que ahora
nutren el balneario que lleva su nombre:
Atatupa.
LA LEYENDA QUE DA
NOMBRE A LA CUEVA DE ANDÁ MIRÁ
Cuentan los ancianos que un noble varón se regocijaba bañándose en las
aguas termales y azufradas de la cueva. En una de sus visitas divisó a una dama
de belleza sin igual que opacaba hasta el sol con su brillo y con atavíos de
princesa. La princesa coqueteaba con él desde la lejanía.
El varón comenzó a relatar su encuentro presumiendo sobre cómo coqueteaba
con él la hermosa dama. Como muy pocos creían su relato él les decía: "Es
ahí en la cueva, si no me creés, andá mirá".
La Llorona
Dentro de las tradiciones orales mitecas no podía faltar este personaje,
uno de los más
importantes dentro de la oralidad guatemalteca. Aunque como es de
suponerse acá
aparece con algunos rasgos distintos a los de otras regiones del país.
Se cuenta que la Llorona era una mujer muy bella, joven, casada y de
noble familia. Su
esposo constantemente se mantenía atendiendo negocios en el interior del
país. Con el
paso del tiempo la bella dama se enamoró de un forastero y de esos amoríos
nació un
niño. Cuado se acercó el tiempo en el cual el marido regresaría, la mujer
desesperada
por la presencia del niño, decidió deshacerse de él. Se dice que lo ahogó
en uno de los
ríos de la región. Pero con el tiempo, llena de remordimientos por lo que
hizo
enloqueció y su alma se perdió en el tiempo buscando a su hijo muerto,
repitiendo la
frase ¡hay mi hijo!.
“Cuentan que la Llorona llora por su hijo y que pasa a las meritas doce
de la
noche, en la aldea San Joaquín por un callejón salía la Llorona, las
personas
salían a ver si estaba allí pero no miraban nada, cuando lloraba lejos
estaba
cerca y cuando lloraba cerca esta lejos; por eso la gente se asustaba
mucho por
eso sale en un callejón oscuro”
El Sisimite o Duende
Es una variante de El Sombrerón de la región central. Los mayores lo describen
como
un hombre de baja estatura, que siempre lleva puesto un enorme sombrero,
similar al
que usan los charros mexicanos. Gusta de visitar por las noches los
lugares en donde
hay ganado caballar y por lo general siempre escoge los mejores
ejemplares. Les
trenza las crines para que le sirva de estribos y luego los cabalga.
Luego de montarlos
se pone a correrlos en los potreros y los corrales y cuando es
sorprendido suelta una
risa chillona y burlesca y desaparece. Se alimenta de ceniza y tiene los
pies para atrás,
seduce a las mujeres bonitas de la región que tengan el pelo largo para
trenzarlo, si
ellas acceden a su deseo él las posee haciéndolas sus esclavas, y si no
le son fieles
Tradición oral y vigencia de los mitos en el lago de Güija, Asunción
Mita, Jutiapa
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les araña la cara y las golpea. La única manera de dejarlo ir es pedirle
que acarree
agua en una red, y si él no puede hacerlo, él mismo se ve en la obligación
de retirarse.
Refieren que en La Cantiada también se le conoce al sombrerón con el
sobrenombre
de “mero colochudo”, pero los entrevistados no supieron explicar porque
se le dice de
esa manera.
En la República de El Salvador, se suele conocer con el nombre de Sipitio
al
Sombrerón. La tradición oral lo presenta como hijo de la Siguanaba con el
diablo.
Debido a la cercanía de ese país con el municipio de Asunción Mita, no es
de
extrañarse que acá también se le conozca con el referido nombre. Un
ejemplo de ello
se encuentra en lo narrado por un niño en la aldea San Joaquín:
“Había una vez un hombre que le llamaban el Sipitio, salía por las noches
y asustaba a
la gente y era muy pequeño, se decía que era hijo de la Siguanaba y el
diablo, era muy
malo la gente al verlo salía corriendo de miedo. Era un espíritu muy malo
y era muy
pequeño y usaba un sombrero muy grande”.
LA SIGUANABA
Sihuahet era una hermosa mujer.
De la cual todos los indios y principalmente los caciques se habían
enamorado.
Cuando Sihuahuet cumplió alrededor de dieciocho años, un emisario del
cacique de mayor jerarquía de la región, se dirigió a ella indicándole que había
sido elegida para ser esposa de su jefe. Sihuahuet rehusó aceptarlo porque su
corazón le pertenecía a otro hombre, además el cacique en cuestión era cuarenta
años mayor que ella.
Al saber aquel poderoso hombre la decisión de Sihuahuet, decidió vengarse
y envió a uno de sus guerreros a darle muerte al joven enamorado de Sihuahuet y
a ella la mantuvo cautiva en una cueva hasta que un shaman por medio de un
hechizo maligno la convirtió en una mujer fea y despreciable. Su cara fue
deformada, sus pechos crecieron hasta rozar sus pies y aquella piel tersa y
hermosa se había arrugado casi por completo. Desde ese entonces ella se pasea
angustiosa por la orilla de los ríos y las quebradas, intentando volver a ver
al joven que tanto amo y arrastrando sus pechos en las piedras.
Otra versión cuenta que fue su propia vanidad la que le convirtió de
Sihuahuet (mujer bella) a Siguanaba (mujer horrenda). Incluso existe una
tercera versión que hace alusión a las torturas y prisión que sufrió aquella
desventurada joven por parte del tirano que nunca pudo obtener su amor




